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Pobreza

La percepción común de la pobreza es la de carencia de bienes materiales básicos para subsistir, y a eso a veces se le pone alguna medida, como, por ejemplo, «tener que pasar con menos de dos dólares al día».

Visto así, y por lo menos hasta antes de que estallara la crisis del covid-19, la pobreza estaría cerca de erradicarse en el mundo desarrollado y no solo en el mundo desarrollado. Baste considerar estos datos:1

«El 60 por ciento de las niñas en los países pobres finaliza la educación primaria. El porcentaje de personas que vive con menos de 1,9 dólares al día se redujo del 34 por ciento en 1993 al 10,7 por ciento en 2013. La media de esperanza de vida mundial para los nacidos en 2016 era de 72,48 años. El 88 por ciento de los niños de un año están vacunados contra alguna enfermedad. En todo el mundo, las mujeres de edades comprendidas entre 25 y 34 años han estado escolarizadas una media de 9,09 años, mientras que los hombres lo han estado 10,21 años».

Las percepciones ante el problema de la pobreza son muy dispares. En los últimos veinte años, la proporción de población mundial que vive en condiciones de pobreza extrema se ha reducido a la mitad, sin embargo, en un test con tres posibles respuestas (1. Casi se ha duplicado 2. Se ha mantenido más o menos estable 3. Casi se ha reducido a la mitad (esta es la respuesta correcta)), solo el 3 por ciento de los españoles acertaron, frente al 25 por ciento de los suecos. Los húngaros fueron «más pesimistas» aún que los españoles: solo el 2 por ciento de los húngaros acertaron. Y solo el 5 por ciento de los estadounidenses.

Uno de los índices que se utiliza para medir la pobreza es el coeficiente de Gini. Un coeficiente de Gini 0 significa igualdad perfecta (todos los ciudadanos reciben la misma renta) y uno de 100 significa desigualdad total (un ciudadano recibe toda la renta, y el resto, nada). En España, el coeficiente de Gini en 2017 era de 33,2; había caído al nivel más bajo en una década (Datos de 2017, del informe Encuestas de Condiciones de Vida (ECV), del Instituto Nacional de Estadística (INE)). Según el Banco Mundial, el coeficiente de Gini en Latinoamérica era de 41 en 2017.

Adam Smith definía la pobreza como «la imposibilidad de satisfacer necesidades de carácter natural o derivadas de la costumbre». Karl Marx escribió que «nuestras necesidades y disfrutes surgen de la sociedad», y puesto que son de naturaleza social, «son relativas». Amartya Sen expone que los pobres son las personas a las que su situación social les priva de condiciones (recursos, bienes, ingresos) para desarrollar capacidades de funcionar con el fin de conseguir resultados valiosos. Este economista subraya la libertad para vivir una vida que valga la pena (freedom to live a valued life). Para Anthony Atkinson, pobres son quienes hallan obstáculos para «participar en las actividades cotidianas de la sociedad en que viven y que, a resultas de ello, no logran desarrollar sus capacidades».2

A pesar del carácter relativo de la pobreza, su experiencia subjetiva es muy parecida en los distintos contextos sociales y culturales, como ha puesto de manifiesto Robert Walker. Se puede hablar de «tercer» mundo dentro del «primer» mundo, de Haití en Glasgow. Son comunes los sentimientos de degradación, vulnerabilidad e impotencia, la frustración porque no quedan satisfechas aspiraciones materiales, la baja autoestima porque se vive en condiciones inapropiadas, porque hay que pedir ayuda o endeudarse, porque no se desempeña el papel social como se debería (de marido o de padre, verbigracia) y porque se siente «haber fallado» a los seres más cercanos y queridos. Hay con frecuencia sentimiento de humillación (las víctimas de maltrato o explotación) y se experimenta vergüenza asociada al estigma de la pobreza: colas para intentar ser contratado, colas para pedir ayudas públicas… Ese estigma será diferente en Noruega que en otras partes, pero también se da en Noruega. Por ejemplo, allí, los hijos de familias pobres pueden vivir en un piso de protección oficial, pero precisamente serán señalados por sus amigos más favorecidos justo por vivir en ese piso de protección oficial. En Afganistán, la vergüenza y el estigma pueden surgir de tener que hacer las necesidades íntimas (evacuación intestinal) en la calle.

Los daños sanitarios y cognitivos de la pobreza se traducen en malestar (las personas que ocupan posiciones más bajas en la escala social suelen valorar más negativamente su vida, se declaran más infelices y se muestran más pesimistas respecto al futuro), en desigualdad (la pobreza como la «causa de las causas de mala salud») y en erosión de capacidades cognitivas. Los pobres se incapacitan progresivamente para tomar las decisiones adecuadas. Los trabajos de Sendhil Mullainathan y Eldar Shafir han demostrado que tanto el dolor, como las preocupaciones, tristezas, ansiedades y enfados son mayores a medida que disminuye la renta.

La tendencia a reducir a los pobres a un conjunto de clichés impide comprender sus problemas reales. Las políticas gubernamentales destinadas a ayudarles muchas veces fracasan porque descansan en suposiciones falsas sobre sus circunstancias y su conducta. Estos son los presupuestos que combaten Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo (premios Nobel de Economía en 2019) en Repensar la pobreza.3

La «economía de la pobreza» se confunde a menudo con «una economía pobre», señalan Banerjee y Duflo, de manera que el campo de la política para erradicarla «está repleto de los desechos de milagros instantáneos que acabaron siendo poco milagrosos».

Es fácil abatirse ante la magnitud del problema de la pobreza. Por eso Banerjee y Duflo invitan a dejar de lado «la sensación de que la lucha contra la pobreza es demasiado abrumadora y a empezar a pensar en ella como un conjunto de problemas específicos que, una vez identificados y comprendidos, pueden ser resueltos de uno en uno» (p. 19).

Es posible conseguir un avance muy significativo en la lucha contra el mayor problema del mundo «mediante la acumulación de una serie de pequeños pasos, cada uno de ellos bien pensado, probado cuidadosamente y realizado con criterio». «La mejor opción para que algún día se acabe con la pobreza se encontrará en el corpus de conocimiento que va creciendo con cada respuesta específica y en el saber que acompaña a esas respuestas» (p. 34).

Desigualdad

Existe entre los hombres una igualdad fundamental de naturaleza. Esa es la razón por la que yerran prácticas como la segregación racial o tesis como la superioridad de una raza. Esa es la razón también por la que, al menos en teoría, la sociedad trate de ayudar a los más vulnerables: niños, enfermos, pobres y ancianos.

Pero son un hecho también las desigualdades individuales naturales de partida. Los seres humanos nacen con diferencias de sexo, de salud, de fuerza física y de inteligencia. Otras desigualdades provienen de la diversidad de funciones que implica la buena organización de una sociedad y del grado de posesión de los bienes materiales, espirituales y culturales.
La desigualdad o no desigualdad de los sexos es un asunto hoy especialmente conspicuo. En cualquier caso, hay un gran consenso en la igualdad de los derechos de la mujer y del hombre, en su misma dignidad como personas, aunque muchas veces en la práctica no se viva o se entienda de forma distorsionada la manera de vivirlo.

Una de las complicaciones con el asunto de la desigualdad es la precisión para significar lo que se desea significar. ¿Estaban Marx, Engels, Lenin y Stalin en contra de la igualdad? Como recuerda Alejandro A. Chafuen en la «Introducción» al libro Libertad o igualdad,4 «cualquier observador honesto sabe lo diferentes y desiguales que son todos los seres humanos en lo que se refiere a la producción… Habitualmente, a mis colegas les recuerdo que incluso Stalin arremetió contra los socialistas que reclamaban “igualar, nivelar los requisitos y las vidas individuales de los miembros de la sociedad”. Para Marx, Engels e incluso Lenin, la igualdad equivalía a la abolición de clases. La “exigencia de igualdad que va más allá de lo necesario desemboca en el absurdo”, escribió Engels. Lenin afirmó que “afirmar que queremos que todos los hombre sean iguales entre sí es una frase vacía y una estúpida invención de intelectuales”» (p. 14).

Uno de los grandes debates se centra en las desigualdades producto de una mala repartición de la riqueza, material y cultural, como el acceso a la educación. Especialmente en el campo de la educación se habla tanto de igualdad de oportunidades como de igualdad de resultados.
La desigualdad de rentas y patrimonios es una nota típica de la econo­mía de mercado. Muchos autores han hecho notar la incompatibilidad de la libertad y la igualdad de rentas y patrimonios. Algunas de las soluciones que se platean, como la renta básica universal, suelen ser muy polémicas. Lo veremos en el siguiente tema.

Thomas Piketty publicó en 2013 El capital en el siglo XXI,5 un libro que suscitó un importante debate sobre la desigualdad. El mismo Chafuen, en la «Introducción» arriba citada, afirma (p. 13): «Una de las consecuencias positivas del mencionado libro de Piketty es que concienció a los economistas de que el análisis de la igualdad tenía que matizarse más en lo tocante a su planteamiento de nuevas situaciones y desafíos».

Respuestas del capitalismo y del socialismo

Los diferentes enfoques de los sistemas socialista y capitalista para solventar las desigualdades económicas se deducen a partir de algunas de sus características, que sintetizamos a continuación.

Capitalismo

  • Defensa del derecho a la propiedad privada.
  • La competencia es una fuerza rectora de la vida humana y del mundo natural.
  • El recurso fundamental para la creación de la riqueza y el crecimiento económico son los individuos, no la sociedad.
  • Los empresarios benefician a los millones de personas que trabajan a su cargo, no solo a ellos mismos.
  • La economía de mercado libre promueve la libertad y la iniciativa.
  • El trabajo exigente y el ingenio se premian, y eso motiva.
  • Las personas con más éxito en la sociedad no pueden ser usadas como una red de seguridad para los fracasos de otros. A los más exitosos se les debe permitir vivir en paz y disfrutar de la propiedad que han trabajado, sin interferencias estatales.
  • No hay nada en el mercado que sea intrínsecamente explotador. Los mercados son simplemente medios eficientes para distribuir bienes a las personas. El peligro es el así llamado capitalismo clientelar.
  • La gente merece tanto por sus cualidades innatas como por las elecciones que haga.
    Sanidad privada.
  • Educación privada.

  • Todo lo anterior, aplicado a casos prácticos, significaría, por ejemplo, «sí» a la escuela privada, a las universidades privadas, a los hospitales privados… «Sí» también a no gravar el dinero heredado.

Socialismo

  • Pone más el acento en el bien común. El problema está en delimitar lo que se entiende, en un caso concreto, por bien común.
  • Pone más el acento en la cooperación que en la competencia.
  • Pone más el acento en lo falso de la autonomía personal y en lo falso del individualismo. Todos dependemos y somos responsables de los demás.
  • Pone el acento en que a los ricos se les han dado muchas ventajas que no tienen nada que ver con sus decisiones.
  • Aspira al bienestar social y fomenta para ello la mentalidad de «mis derechos» y de la dependencia.
  • Tiende a que el Estado provea.
  • Pone el acento en combatir la desigualdad, porque, razona, las sociedades con menos desigualdad casi siempre funcionan mejor por lo que se refiere al bienestar: disminución del estrés, mayor cohesión social, mayor esperanza de vida, disminución de la criminalidad, etc.
  • Tiende a percibir el mercado libre como intrínsecamente desigual y explotador. En cualquier caso, como un mecanismo que otorga beneficios excesivos a quienes controlan el capital. Los trabajadores se convierten en esclavos de un salario.
  • Algunas ventajas sociales, como la educación o la herencia, no son elegidas, y con las cualidades naturales, como la inteligencia y la energía, se nace y, por tanto, no se merece tener ninguna ventaja gracias a ellas. La propensión al trabajo duro puede verse también como un rasgo arbitrario de nacimiento, más que una fuente de valía moral.
    Sanidad pública.
  • Educación pública.

  • Lo anterior, aplicado a casos prácticos, significaría asignación por parte del Estado de un colegio local para todos los alumnos, preferentemente por sorteo, como único modo de afrontar la desigualdad educativa. Significaría que no deberíamos caer en un completo fatalismo sobre la desigualdad y que, por lo tanto, la guardería gratuita, por ejemplo, haría algo para reajustar el equilibrio. Y también: mejor escuelas públicas y hospitales públicos. Finalmente, para terminar el paralelismo con los ejemplos de arriba (capitalismo): el dinero heredado agrava las desigualdades. Más impuestos, pues, al dinero heredado.

Para las opciones concretas del socialismo y del capitalismo al problema de la pobreza, conviene tener en cuenta lo que afirman Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo. No hay varita mágica para erradicar la pobreza, ninguna medicina para todo: «Puede que no tengamos mucho que decir sobre políticas macroeconómicas o sobre reformas institucionales», pero no hay que confundirse por la aparente modestia de la empresa: «Los cambios pequeños pueden tener efectos grandes» (p. 333).

Más información

Llano, Alejandro. (2015, 14 de marzo). Riqueza y desigualdad. Nueva Revista. https://www.nuevarevista.net/riqueza-y-desigualdad/

Sevilla, Jordi. (2020, 4 de marzo). Las propuestas de Thomas Piketty contra la desigualdad. Nueva Revista. https://www.nuevarevista.net/las-propuestas-de-thomas-piketty-contra-la-desigualdad/

Grau Navarro, J. M. (2017, 10 de marzo). Entrevista a Mario Negre. De 1.900 a 800 millones de pobres extremos en las dos últimas décadas. Nueva Revista. https://www.nuevarevista.net/de-1-900-a-800-millones-de-pobres-extremos-en-las-dos-ultimas-decadas/

Grau Navarro, J. M. (2020, 18 de febrero). Pau Marí-Klose: «No es verdad lo de pobres pero felices». Nueva Revista. https://www.nuevarevista.net/pau-mari-klose-no-es-verdad-lo-de-pobres-pero-felices/

  1. Rosling, Hans / Rosling, Ola / Rosling Rönnlund, Anna. (2018). Factfulness. Diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo. Y por qué las cosas están mejor de lo que piensas. Barcelona: Editorial Deusto. 

  2. Grau Navarro, J. M. (2020, 18 de febrero). Pau Marí-Klose: «No es verdad lo de pobres pero felices». Nueva Revista. https://www.nuevarevista.net/pau-mari-klose-no-es-verdad-lo-de-pobres-pero-felices/ 

  3. Abhijit V. Banerjee, Esther Duflo. (2016). Repensar la pobreza. Madrid: Taurus. 

  4. Lacalle, Daniel. (2020). Libertad o igualdad. Barcelona: Deusto. 

  5. Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2015 (la primera edición original, en francés, es de 2013).