«Los libros del Nuevo Testamento». Edición de Antonio Piñero
Los libros del Nuevo Testamento. Traducción y comentario. (2022). Edición de Antonio Piñero. Colaboradores: Gonzalo del Cerro, Gonzalo Fontana, Josep Montserrat, Carmen Padilla, Antonio Piñero. Segunda edición. Madrid: Editorial Trotta.
«El texto griego, base de este volumen es —con pequeñas alteraciones debidamente fundamentadas en notas— el de la edición crítica del Novum Testamentum graece, 28.ª edición, publicada por la Deutsche Bibelgesellschaft, de Stuttgart en 2012… El texto crítico ha sido elaborado por un equipo muy numeroso de investigadores y, por consenso general, se considera el mejor de los existentes en la actualidad».
«La necesidad de la presente publicación en lengua castellana nos parece tanto más acuciante cuanto que, a pesar de la proliferación de versiones del NT en el mercado, hasta la fecha no existe una interpretación meramente histórica y efectuada con criterios estrictamente académicos».
«Los libros del Nuevo Testamento constituyen los escritos fundacionales del cristianismo que resultó vencedor en los primeros siglos de su historia, son ante todo un jalón importante de la literatura griega, así como una obra medular del acervo de la cultura universal».
«El planteamiento puramente histórico y de crítica literaria, apoyado en el sustrato de la investigación académica, puede arrojar como resultado una mirada relativamente nueva sobre los libros del Nuevo Testamento, […] incluso a un redescubrimiento de estas obras por parte del lector, independientemente de sus creencias. El supuesto subyacente a la obra es que la correcta compresión del sentido de textos escritos hace casi dos milenios exige una labor explicativa basado en conocimientos históricos y literarios».
«En esta edición, el deseo expreso de unir la aconfesionalidad con la laicidad no militante, que no aboga por la defensa de la posición ideológica alguna, aclara el que a menudo se haga notar el carácter puramente probable que conllevan muchas explicaciones».
«El NT es el testimonio más antiguo de lo que hoy llamamos «literatura cristiana primitiva». Desde el punto de vista de la lengua, está todo él sin excepción escrito en griego, por lo que forma parte indudable de la historia de la literatura griega antigua. Sin embargo, el NT en su conjunto se presenta a sus lectores no como simple literatura, sino como el primer depósito cristiano de lo que un ser humano debe conocer para obtener la salvación, una vida más allá de la muerte» (p. 13).
«El espacio cronológico que ocupa este corpus de escritos va probablemente desde el 51 e.c., momento en el que se escribió su primer obra, la Primera carta a los tesalonicenses de Pablo de Tarso, y se cierra convencionalmente en torno al 145, fecha que señala el fin del segundo gran levantamiento judío contra roma en tiempos de Adriano. Es este también el posible momento de composición de la denominada segunda carta de Pedro, en realidad de autor desconocido. Cada escrito dentro de este conjunto unitario que mantiene una fe mas o menos común es obra de un autor individual con sus perspectivas e intereses particulares, que son también probablemente los del subgrupo cristiano al que pertenece» (p. 13).
«Salvo las cartas genuinas atribuidas a Pablo de Tarso, siete en total, el resto de obras del NT —con la excepción de la Revelación, «firmada» por una anciano («presbítero») llamado Juan, pero del que nada sabemos— es anónimo. La tradición secundaria cristiana desde mediados del siglo II procuró poner rostro y nombre a los autores de tales obras, pero esta pretensión ha sido desmontada por la ciencia histórica» (pp. 13-14).
«La tradición sobre Jesús empezó a formarse con los recuerdos de su persona y su obra inmediatamente después de su muerte, debido a la firme creencia de los discípulos de que había resucitado y de que de algún modo vivía entre ellos. Durante un cierto tiempo la transmisión fue oral, pero pronto se fue poniendo también por escrito, aunque no toda igual» (p. 15).
«En torno a estas tradiciones acerca del personaje central recodado, Jesús, se formaron otras tradiciones respecto a la vida en común de sus primeros seguidores, en concreto, sobre el bautismo, o rito de entra en el grupo, sobre la fracción del pan, como conmemoración de la «última cena del Señor», más otras que formulaban alguna solución a problemas teológicos, morales o de convivencia mientras la comunidad esperaba la segunda y definitiva llegada de su señor y mesías» (p. 15).
«Parece claro, según la crítica consensuada, que ninguna tradición se transmitió simplemente, sino que fue acomodada a las exigencias de los tiempos. Así pues, el NT es el producto final y por escrito de este proceso de transmisión de la «tradición», de su interpretación, de la reflexión teológica —generada a veces muy rápidamente— sobre ella y de nuevas reinterpretaciones o acomodaciones. El estudio científico del Nuevo Testamento permite bucear en este complejo proceso e intentar la separación de lo que es lo primitivo en la tradición, qué pertenece básicamente al relato más antiguo sobre Jesús de Nazaret o bien qué fue añadido a ella como interpretación o reflexión» (p. 16).
«Dentro del grupo de los que reinterpretaron la tradición sobre el mesías, Jesús, como propaganda de su fe en él, ocupa un lugar preponderante en el NT la figura de Pablo de Tarso» (p. 16).
«Podemos estar relativamente seguros de que la crítica textual neotestamentaria ha reconstruido un texto bastante parecido al de los originales» (p. 25).
«Puede presumirse al menos que los escritos de gran importancia para los seguidores de Jesús, que contenían sus palabras, o de Pablo, fueron copiados y transmitidos con cuidado y que la tradición debió ser fiel en lo sustancial» (p. 25).
«Jesús de Nazaret es el presupuesto básico de todo el NT. Negar su existencia real parece muy arriesgado desde el punto de vista de la ciencia histórica, entre otras razones, porque se plantearían entonces ás problemas que los que se pretenderían resolver» (p. 27).
«La teología cristiana resulta ser la reinterpretación del mensaje de Jesús una vez muerto él.
»Este proceso reinterpretativo no fue puramente fantasioso. Cada uno de los pasos y avances de la teología del Nuevo Testamento, plasmada en los libros que ahora editamos, debió de basarse de algún modo en algo que dijo o hizo Jesús, solo que ese algo fue visto o considerado desde una óptica distinta a la que tuvo el Maestro en vida. Tal visión surgió a partir de la creencia en su resurrección, probada según sus discípulos por diversas apariciones. Esta creencia, y sobre todo la idea nublare de que, tras la elevación de Jesús al cielo, Dios «lo había constituido señor y mesías» (Hch 2,36), modificó radicalmente la percepción y el recuerdo de lo que fue él en su vida sobre la tierra» (p. 28).
«Por ello, el desarrollo de la ideología Cristiana manifestada en los libros del Nuevo Testamento puede definirse como un “fenómeno exegético” o de interpretación de textos sagrados a clicados a la imagen completa de un Jesús recordado, en sus dichos y hechos, por sus seguidores tras su muerte» (p. 28).
«Los libros neotestamentarios indican claramente que al principio la fe se concretaba en una nítida esperanza escatológica y que esta se vivía en asambleas propias, que abundaban en aclamaciones y deseos de la venida del Señor» (p. 24).
«Se puede pensar con verosimilitud que la reflexión teológica se debió en los primeros momentos (y también en San Pablo) a la necesidad de explicar el “escándalo de la cruz” y de aclarar con mayor precisión qué había significado la vida y figura de Jesús como mesías redentor. Más tarde influyó sin duda el incumplimiento de las expectativas escatológicas ligadas a la “parusía”, es decir, a la venida de aquel como juez desde su trono en el cielo para instaurar definitivamente el reino de Dios» (p. 24).
«Pablo no se convierte a religión nueva alguna, porque no existía otra cosa que el judaísmo “de siempre”; solo que él creyó, con más intensidad aún que sus antiguos perseguidos, que en los tiempos mesiánicos ese judaísmo debía ser vivido de otro modo, según el espíritu del Mesías» (p. 35).
«Pablo pasó de una escatología incondicional a una condicional: la culminación de los tiempos habría de aguardar la conversión de los pueblos. Solo entonces llegaría la parusía» (p. 36).
«A la luz de estas consideraciones, resulta más razonable una disposición de las obras del NT que tenga en cuenta el orden cronológico de composición más probable, lo cual supone que el orden establecido debe ser reformado. Esta nueva disposición halla un obvio límite en el hecho de que no conocemos la datación precisa de muchas de las obras neotestamentarias, lo que significa que el orden cronológico puede ser solo relativo; sin embargo, una reordenación de esta naturaleza posee un valor crítico en virtud de los argumentos expuestos que la hace preferible a la presentación tradicional. En esta edición y de acuerdo con el conjunto de lo sostenido en la Introducción general, se ordenan los libros del Nuevo Testamento del modo siguiente:
Cartas auténticas de Pablo: 1 Tesalonicenses, Gálatas, 1/2 Corintios, Filipenses, Filemón y Romanos.
Evangelios sinópticos: Marcos, Mateo y Lucas.
Hechos de los Apóstoles.
Cartas atribuidas a Pablo: Colosenses, Efesios y 2 Tesalonicences.
Carta a los hebreos.
Evangelio de Juan, 1/2/3 Juan.
Revelación / Apocalipsis.
Cartas comunitarias: 1/2 Timoteo, Tito.
Cartas universales: Jacobo, Judas, 1/2 Pedro».
Pablo, Silvano y Timoteo a la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el señor Jesús, el Mesías: gracia y paz a vosotros (Piñero) 1 Tes 1,1.
Silvano y Timoteo: la mención de los corremitentes no significa que hayan escrito también ellos la carta, sino que están de acuerdo con su contenido.
iglesia: corresponde al griego ekklesía, que significa literalmente “asamblea parlamentaria de hombres libres”. En el uso de Pablo es la “comunidad” de fieles al Mesías; por tanto no debe entenderse en el sentido de hoy, como edificio destinado al uso litúrgico; tampoco debe escribirse con mayúscula inicial. El conjunto de las comunidades son “las iglesias”.
Bover:
Pablo, Silvano y Timoteo, a los que en Tesalónica forman la Iglesia de Dios Padre y del Señor Jesús Mesías: Os deseamos gracia y paz.
Nuevo Testamento. Traducción de J. Mateos / L. Alonso Schökel. Introducciones, notas y vocabulario bíblico de Juan Mateos con la colaboración de F. Camacho, A. Urban, J. Rius, J. Barreto. Ediciones Cristiandad, Madrid, 2. Ed. 1987 (la 1 ed. es de 1974).
Actualización. Véase también::
—Grau Navarro, J. M. (2022, 19 de mayo). Antonio Piñero: «Los libros del Nuevo Testamento». Nueva Revista. https://www.nuevarevista.net/antonio-pinero-los-libros-del-nuevo-testamento/
—Piñero, Antonio. (2022, 2 de junio). Agradecimiento y aclaración. El blog de Antonio Piñero. Religión Digital. https://www.religiondigital.org/el_blog_de_antonio_pinero/Agradecimiento-aclaracion_7_2456224364.html
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