Tobarra, su fábrica de harinas y su antigua estación de ferrocarril. Recuerdos de dos generaciones

Durante bastantes años, cuando Lotrives, su mujer y sus tres hijos pequeños viajaban de Madrid a Orihuela en fines de semana y fiestas, en un Golf GT TDI verde, paraban frente a la antigua estación de ferrocarril de Tobarra, justo en el lugar de la imagen de arriba, que era parte de la línea Chinchilla-Cartagena. Su puesta en marcha en 1865, he leído en algún lugar, contribuyó al desarrollo económico de toda la región. Tobarra y Hellín fueron dos de las localidades más beneficiadas en la provincia de Albacete por ese motivo.
Lotrives pensaba que el edificio más prominente y alto que se estaba cayendo era el de viajeros de la vieja estación de Tobarra. Pero no. El central, el más bonito, acogía una fábrica de harinas que se beneficiaba de la cercanía de la estación. En la web Fundación de los Ferrocarriles Españoles, en el expediente sobre Tobarra, se puede leer: «Autorización a Vicente Carcelén Rodríguez de Vera para construir almacenes en terrenos de su propiedad entre los km 338,506 y 338,558, y para construir una fábrica de harinas entre los km 338,880 y 338,906 de la línea. - Incluye: Planos. (1916 abril 10/1929 noviembre 4)». Ese Vicente Carcelén es probablemente el Vicente Carcelén Rodríguez de Vera natural de Tobarra y que estudió en el Instituto Alfonso X El Sabio de Murcia entre 1890 y 1895.
Frente a la fábrica de harinas, cuando paraban en aquel lugar abandonado, tranquilo, Lotrives proponía a sus hijos, entre los cuatro y los ocho años, que lanzaran piedras, a ver quién llegaba más lejos, por los menos hasta la vía del tren, tirando desde la alambrada. Les divertía. No había nadie, no pasaba nadie y no suponía peligro para nadie.
Mientras los pequeños se esforzaban en superar el tiro rival y ganar, Lotrives miraba a la fábrica de harinas y pensaba en Auschwitz, quizás por la combinación de vías de tren y ruinas ante sus ojos. Pensaba también en los pueblos arrasados que los nazis dejaron en Polonia y en Ucrania, durante la Segunda Guerra Mundial. Pensaba que un cineasta como Steven Spielberg, si viera esa fábrica de harinas, se pondría de inmediato a rodar un película con ella como motivo central.

A la derecha de la fábrica de harinas se observa un gálibo, en el centro de la imagen de arriba. Es ese arco de hierro en forma de U al revés. Se colocaba en las estaciones para comprobar que un vagón, con su carga, podía circular por túneles y bajo los pasos elevados sin chocarse. A Lotrives el gálibo le traía a la cabeza la imagen de polacos ahorcados por los nazis en las calles de Varsovia, durante la Segunda Guerra Mundial.
¿Habría que evitar que un edificio como la fábrica de harinas se cayera? ¿Quién se debería hacer cargo de los gastos de renovación y mantenimiento? Son las preguntas de siempre y de no fácil respuesta. Pero cuando pasan las décadas, los siglos, sí que sabemos apreciar los pueblos y ciudades que aciertan en la conservación de su patrimonio y los que no. Esperemos que Tobarra reaccione.
Hoy, en una viaje de Orihuela a Madrid, y a Orihuela hacía mucho tiempo que la familia no volvía, aquellos niños, ahora jóvenes profesionales, han pedido a Lotrives que se detenga en la estación de Tobarra. No han tirado piedras. Pero Lotrives ha notado que aquellas paradas de casi dos décadas atrás han quedado muy grabadas en la memoria de todos, padres e hijos.
Lotrives, 30 de marzo de 2026
Crédito de las imágenes: 1) Antigua fábrica de harinas junto a la antigua estación de ferrocarril de Tobarra, el 30/3/2026. 2) Gálibo junto a la fábrica de harinas. Estación de ferrocarril de Tobarra, abandonada, el 30/3/2026. Fotos: © José Manuel Grau Navarro.
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