¿Qué son las humanidades?
El diccionario de la Real Academia ofrece cinco acepciones para la palabra humanismo:
- «Cultivo o conocimiento de las letras humanas».
- «Movimiento renacentista que propugna el retorno a la cultura grecolatina como medio de restaurar los valores humanos».
- «Interés por los estudios filológicos y clásicos».
- «Doctrina o actitud vital basada en una concepción integradora de los valores humanos».
- «Sistema de creencias centrado en el principio de que las necesidades de la sensibilidad y de la inteligencia humana pueden satisfacerse sin tener que aceptar la existencia de Dios y la predicación de las religiones».
Humanismo se relaciona con humanidad y humanidad significa naturaleza humana, esencia humana, aquello que hace al ser humano específicamente humano. ¿Pero qué es ese aquello que hace al ser humano, humano?
Mark Van Doren
Escribió Mark Van Doren (1894-1972) en su libro Liberal Education:
«Se ha afirmado que la educación recuperará su plena estatura humana cuando las humanidades, es decir, la literatura y la filosofía, vuelvan a ser dominantes. Si las humanidades no son otra cosa que el humanismo como lo hemos conocido, su dominio no será mejor que el del sombrero con cintas que se confunde con la cabeza. La educación prefiere ser dominada por la humanidad. El hombre es al mismo tiempo metafísico, filósofo, científico y poeta».1
No seremos más humanos por saber más griego y latín, nos indica Van Doren.
Seguimos con este sabio estadounidense:
«La educación clásica de hace un siglo merecía y recibió críticas. La educación que la sustituyó, reemplazando las disciplinas de latín, griego y matemáticas por una multitud de materias cuyas disciplinas no pueden ser nombradas, ha engañado, y recientemente ha recibido una crítica aún más dura. […]. Al querer “algo de todo”, se dice que no obtuvo “nada al final”».2
Ahora es como si señalara: cuidado, que aprender griego y latín puede ser mejor y más práctico que dedicarse al «pensamiento crítico» o al «aprender a aprender sin memorizar», por ejemplo.
San Agustín
En sus Confesiones escribió:
«Porque ¿qué cosa más miserable que un miserable que no tiene misericordia de sí mismo y llora la muerte de Dido, ocasionada por el amor a Eneas, y no llora, en cambio, su propia muerte que se ocasiona por no amarte a ti, oh Dios?».3
Virgilio, en La Eneida narra que Eneas engaña y abandona a Dido (Elisa de Tiro) en Cartago y zarpa hacia Italia en busca de una nueva patria. San Agustín advierte contra la vanidad en la literatura, que puede despistar al ser humano de lo importante.
Añade el santo de Hipona:
«Luego pecaba yo de niño, Dios mío, cuando anteponía en mi afición las fábulas vanas a los estudios provechosos o, mejor dicho, cuando detestaba estos y amaba aquellas. Y, ciertamente, “uno y uno, dos”; “dos y dos cuatro”, era para mí odiosa cantinela y delicioso el espectáculo de la vanidad: el caballo de madera, repleto de guerreros armados, el incendio de Troya […]».4
Hay pues, según san Agustín, estudios provechosos como las matemáticas, aunque no le gustaran, y otros que no. En el párrafo que sigue da pistas para saber lo que no va: intentar seducir con lo que sabemos, dejarnos engañar por lo que nos distrae, al albur de los caprichos:
«A lo largo de aquel período de nueve años —que abarca desde los diecinueve de mi edad hasta los veintiocho—, vivíamos seducidos y seduciendo, engañados y engañando, juguete de diversos apetitos; en público por la profesión de las disciplinas que llaman liberales y en secreto bajo falsa capa de religión».5
Catecismo de la Iglesia Católica
« “Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación” (Gaudium et Spes 22, 1). En Cristo, “imagen del Dios invisible” (Colosenses 1, 15; cf. 2 Corintios 4, 4), el hombre ha sido creado “a imagen y semejanza” del Creador. En Cristo, redentor y salvador, la imagen divina alterada en el hombre por el primer pecado ha sido restaurada en su belleza original y ennoblecida con la gracia de Dios (cf. Gaudium et Spes 22, 2)». 6
Conclusión
La clave no es si estudiar, y con exclusión de otras materias, griego, latín, matemáticas, literatura, filosofía o programación. La clave es si aceptamos que Jesucristo es la medida de lo humano, el que «manifiesta el hombre al propio hombre». Si aceptamos que aquello que nos hace ser más humanos es intentar acercarnos a Jesucristo. Alguien puede reprocharme que he dado un salto en el vacío. Le pido que lea la acepción 5 de la palabra humanismo arriba dada.
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Doren, Mark Van. (1943). Liberal Education. Nueva York: Henry Holt & Company, p. 57. ↩
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Ib., p. 109. ↩
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San Agustín. (1995) [1970, 1.ª ed.]. Confesiones. Versión, introducción y notas de Francisco Montes de Oca. 11.ª ed. México: Editorial Porrúa. Libro I, capítulo 13, número 21, p. 12. ↩
-
Ib., I, 3, 22, p. 13. ↩
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Ib., IV, 1, 1, p. 46. ↩
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Catecismo de la Iglesia Católica. (1992). Madrid: Asociación de Editores del Catecismo, n. 1701. ↩
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