Fernández de la Mora, Gonzalo. (1965). El crepúsculo de las ideologías. Ediciones Rialp.


Nota liminar para los hispanos

En el prólogo de El crepúsculo de las ideologías, titulado «Nota liminar para los hispanos», Fernández de la Mora defiende encendidamente la racionalidad y también en la política y la economía, unas ciencias con principios contrastados a los que con frecuencia algunos transforman en sus antojos. Hay que ir a la «suareziana racionalización», huir de lo emotivo, argumentar con raciocinio y serenidad, con orden y equilibrio, con objetividad.

Lo que ahora necesitamos es «la suareziana racionalización» (8).

«Para todo ser humano, la vertiente vital más fácil es la emotiva, porque es mucho más inmediata y cercana, más espontánea y natural, más rápida y tangible que el análisis, el silogismo y la meditación. Un juicio científico es el remate de una ascesis prolongada. Lo arduo es la teoría. Los arrebatos emocionales son fulminantes y casi gratuitos» (8).

«Lo que sí es exacto es que tendemos [los celtíberos] a supervalorar la voluntad y el corazón en perjuicio de la razón y la serenidad» (10).

«Necesitamos una gran cura de racionalización. El buen puerto de partida es la ecuanimidad, el orden y el equilibrio. Luego, método, objetividad, especialización, sistematismo, seriedad y rigor» (11).

«No solo las matemáticas y la física; la política, la economía, la sociología y la administración son ciencias y no diletantismos» (14).

1. Anticipaciones

«La vida social contemporánea ha estado dominada por las ideologías. En los programas de los candidatos y de los gobernantes, de los dictadores y de los revolucionarios ha predominado el contenido ideológico» (15).

«La pertinaz ceguera de muchos españoles, incluso intelectuales, que se obstinan no ya en resucitar panaceas anacrónicas, sino en encuadrar la convivencia política de sus compatriotas dentro de la crepuscular dialéctica de las ideologías» (17).

«Lo mismo las diferencias de opinión que de intereses son consustanciales con la vida social» (20).

«Desde tiempos de Marx, y, sobre todo, de Mannheim, la gran obsesión de los sociólogos de la cultura y de todo lector receloso viene siendo la de adivinar los prejuicios del autor, los intereses que defiende, los principios de que parte, los sentimientos que le mueven, es decir, lo impuro, lo que desvía el razonamiento y deforma la realidad. Hay quienes creen que en las entretelas de las posiciones contrarias a las grandes ideologías vigentes anida otra ideología de nuevo signo: el tecnocratismo» (22).

«Los desmontadores de las ideologías no son los tecnócratas, sino los que se esfuerzan por someter la vida social a la soberanía de las ideas rigurosas y exactas» (24).

2. Hacia un concepto

«Es Bacon quien le da una de las formulaciones más resonantes y fecundas con su teoría de los ídolos o prejuicios. Bacon define los “idola” como nociones erróneas que dificultan el hallazgo de la verdad y que provienen de la condición biológica, individual, social o culta del hombre. Son falacias recibidas que nublan el conocimiento. El racionalismo moderno eleva a la categoría de ídolo o prejuicio todas las creencias, las tradiciones e innúmeras opiniones a las que, ya entrado el siglo XIX, se empieza a llamar ideologías. Así cobra este vocablo su acepción filosóficamente negativa, como sinónimo de convicción inauténtica, irracional y, en definitiva, falsa» (28).
«Es Bacon quien le da una de las formulaciones más resonantes y fecundas.con su teoría de los ídolos o prejuicios. Bacon define los “idola” como nociones erróneas que dificultan el hallazgo de la verdad y que provienen de la condición biológica, individual, social o culta del hombre. Son falacias recibidas que nublan el conocimiento. El racionalismo moderno eleva a la categoría de ídolo o prejuicio todas las creencias, las tradiciones e innúmeras opiniones a las que, ya entrado el siglo XIX, se empieza a llamar ideologías. Así cobra este vocablo su acepción filosóficamente negativa, como sinónimo de convicción inauténtica, irracional y, en definitiva, falsa» (28).

Para Marx, «la filosofía, el derecho, la moral, el arte y la religión son subproductos que, en parte, reflejan y, en parte, tratan de sublimar o de justificar simples intereses de grupo. Lo mismo las ideas que las formas estéticas son epifenómenos, manifestaciones derivadas de tensiones económicas y sociales; en suma, ideologías» (29).

«Las normas implícitas en cualquier ideología no son propiamente reglas de conciencia, como el mandato de amar a Dios. No son consignas para un solitario, sino para un hombre en sociedad; no para un eremita, sino para un ciudadano. Son normas políticas dirigidas a la ordenación de la convivencia terrenal. Son pretensiones de fundamentar la cosa pública, y necesariamente desembocan en un programa de gobierno, en una estructuración de la sociedad y en una configuración del Estado. Aspiran a ser los fermentos del Derecho constitucional, y de la moral social» (33).

«Las ideologías son siempre fáciles, simples y publicitarias. Si no, fracasan. Es más, no tienden a ir concretándose, matizándose y desarrollándose, como las disciplinas científicas, sino por el contrario, a concentrarse en vocablos clave de contenido cada vez más general y extremoso» (35).

Bibliografía sobre la ideología

Barets, Jean: La fin des politiques (1962).
Barth, Hans: Wahrheit und Ideologie (1945).
Bell, Daniel: The end of Ideology (1961).
Geiger, Theodor: Ideologie und Wahrheit (1953).
Geiger, Theodor: Ideologie und Wahrheit (1953).
Hersch, Jeanne: Idéologies et rêalité (1956).
Mannheim, Karl: Idéologie et utopie (1956).
Mannheim, Karl: Idéologie et utopie (1956).
Meynaud, Jean: Destin des idéologies (1961).
Meynaud, Jean: Destin des idéologies (1961).
Weidle, Wladimir: Les idéo-logies et leurs applications au vingtième siècle (1960).