Chantal Delsol: «El fin de la cristiandad»
Delsol, Chantal. (2021). La fin de la chrétienté. L’inversion normative et le nouvel âge. Les éditions du Cerf. («El fin de la cristiandad. La inversión normativa y la edad nueva»: no está traducida aún al español).
«La Iglesia es eterna para los católicos, habrá siempre un grupo de fieles, aunque sea pequeño, que la constituya. Pero la cristiandad es otra cosa. Se trata de una civilización inspirada, ordenada y guiada por la Iglesia. Desde este punto de vista se puede decir que la cristiandad ha durado dieciséis siglos, desde la batalla del río Frígido (394) hasta la segunda mitad del siglo XX, con el triunfo de los partidarios del aborto» (pp. 9-10). Teodosio, el emperador vencedor en Frígido, «instaura el cristianismo como religión dominante […]. Censura, quema libros, condena a muerte a los charlatanes o a los científicos no ortodoxos. Prohíbe las ceremonias paganas, en primer lugar, en Roma. Priva a los apóstatas de los derechos civiles. Prohíbe sacrificar a los ídolos en todo el imperio, también en privado» (pp. 49-50). Con el triunfo del cristianismo llega la lucha contra el divorcio, el aborto, y el infanticidio (p. 53). También contra el suicidio (p. 54) y la homosexualidad hasta entonces válida en Atenas y entre los antiguos (p. 55).
«La Revolución francesa (1789) no se pudo lograr más que en oposición al cristianismo, que era desde el origen y hasta recientemente, lo olvidamos demasiado, el enemigo principal de la modernidad» (p. 11). Se aprueba el divorcio en Francia en 1792 durante la Revolución (p. 59).
«La Revolución francesa abre una guerra perpetua entre la Iglesia y el Estado, con todas sus consecuencias: enteramente privado de lo espiritual, la política cae inevitablemente en excesos siniestros. Por lo que se refiere a la Iglesia, reducida a la condición de enemigo público y perpetuamente en contra de las leyes y de las costumbres, se iba consumiendo poco a poco» (p. 12).
En el siglo XIX, la Iglesia se erige en baluarte contra la modernidad. Durante ese tiempo se entiende el cristianismo como el fruto del catolicismo, de una religión holística, que defiende una sociedad orgánica, que desafía al individualismo y a la libertad individual. Era natura que chocara contra la modernidad.
Según la autora, con el reconocimiento de la libertad religiosa en el Concilio Vaticano II, preparada por la encíclica de Juan XXIII Pacem in terris, de 1963, se destruye el Syllabus (1864) y todo el ataque contra la modernidad de Pío IX en el siglo XIX (pp. 13-14). El Syllabus es el Syllabus errorum complectens praecipuos nostrae aetatis errores (Listado recopilatorio de los principales errores de nuestro tiempo): un documento de ochenta puntos, que condena los «errores modernos».
«La modernidad tardía, que comienza tras la Segunda Guerra Mundial, considera definitivamente a la Iglesia como una institución obsoleta» (p. 15). El liberalismo/libertarismo reinante representa el inverso exacto de la manera de pensar de la Iglesia.
En la defensa del cristianismo el en siglo XIX, en el campo intelectual, destacan las figuras de Juan Donoso Cortés y de René de la Tour du Pin.
«El pensamiento cristiano florece en la primera mitad del siglo XX, en la medida en que se esfuerza en integrar la democracia y una forma de liberalismo. Durante este tiempo, la rama católica que se mantuvo radical espera que los fascismos-corporativismos salvarán a la cristiandad, en vía de perdición» (p. 23). Son los fascismos, por ejemplo, de Mussolini, Salazar, Horthy y Franco. Esos fascismos, señala la autora, no tienen nada que ver con el nazismo (p. 23). Para Hitler, y su precedente filosófico Nietzsche, el cristianismo era el responsable de los males modernos. Hitler quería el regreso del paganismo antiguo (p. 26). Henri Massis, en *Les Chefs¨, una obra de 1939, presenta a Franco como un «soldado de Dios», y su acción una «cruzada», una «política de redención» (p. 25). Pero todos esos programas de Mussolini, Salazar, Horthy y Franco, utópicos, cayeron en los extremos y fracasaron, porque «una civilización no se salva» con un «pelotón de soldados» (p. 28). Fueron «sobresaltos de la cristiandad que moría» (p. 27).
La segunda mitad del siglo XX marca el comienzo de una larga caída, en la que el cristianismo pierde su notoriedad y amplitud, lo cual no implica el triunfo del ateísmo (p. 34). Los humanos, ante el interrogante de qué es el ser humano, tienen y tendrán necesidad de ideas, de moral y de mitos (p. 34). «Al fin del cristianismo han seguido no ateísmo y el nihilismo, sino nuevos mitos e ideas» (p. 35). Se vuelve a la moral y a la ontología: «Somos a la vez los sujetos y los actores de una inversión normativa; y de una inversión ontológica» (p. 36)
Los judíos (pueblo elegido) y los protestantes (les interesa la libertad de la conciencia) no son universalistas. Sí los católicos y los musulmanes (p. 37).
Sobre la reversión en la valoración de situaciones y hechos, que se produce en la segunda mitad del siglo XX, la autora cita la colonización, la homosexualidad, el aborto, ahora admitidas, mientras se condena la pedofilia, durante mucho tiempo admitida. Otros cambios: el divorcio, y el suicidio. Una sociedad no cambia de costumbres ni de moral como de gobierno. Y esos cambios se han producido y se están produciendo en Occidente. «Las revoluciones morales son raras […]. Nos encontramos en uno de esos momentos históricos» (p. 46).
Las creencias fundamentan las costumbres. Por ejemplo: se condena el aborto si prima antológicamente el valor del individuo, o se aprueba si, como en la Antigüedad, vale más la decisión de la madre (p. 67). Delsol cita también los casos de pedofilia en la Iglesia como novedad de la inversión: se acusa a los cargos de la Iglesia de no hacer actuado (no aireando los delitos-pecados de algunos clérigos) como se actúa ahora. «Que la Iglesia marcha en esta combinación infernal, muestra hasta qué punto se ha sometido a las circunstancias» (p. 73). Actualmente, «el individuo está por delante de la institución. Es una convulsión dogmática, el signo de una revolución de la identidad en el seno mismo de la institución» (p. 73).
Se camina hacia la posibilidad de que cada individuo haga y actúe a la medida de su deseo, limitado solo por las imposibilidades técnicas (p. 74). La inversión normativa avanza lenta, pero inexorablemente (p. 73).
Todas las leyes sociales votadas en el países occidentales desde el final del siglo XX traducen un cambio radical de paradigma, el fin de un modelo cristiano y su sustitución por otro que habrá que definir. **Es verdaderamente un cambio de época, más importante que la sustitución de la monarquía por la república **(p. 77).
La inversión normativa descansa sobre la inversión filosófica, o mejor, ontológica, en el sentido de la ciencia de los primeros principios. Sobre la elección ontológica, en cada época, descansan la moral y las costumbres, las leyes y los usos (p. 81). Pero las elecciones ontológicas no caen del cielo, suponen decisiones humanas y luchas, con violencia verbal y física (p. 82).
«Lo que funda una civilización no es la verdad —pues todas la pretenden—, sino la creencia en una verdad. Y solo esa creencia garantiza la duración en el tiempo de las elecciones originales» (pp. 83-4).
Un ejemplo de inversión normativa y moral es de Moisés: con la elección del monoteísmo y de los ritos especiales para los judíos, «opuestos a los de los otros mortales», como escribió Tácito (p. 84). El monoteísmo judío supone una sofisticación: la trascendencia, la revelación, la interioridad del sujeto (p. 86). Son una construcción y exigen ser reafirmados en un esfuerzo constante. Es una religión «no natural» en el sentido en que lo son los cosmoteísmos o politeísmos anteriores (p. 87). El cosmoteísmo nunca ha muerto. Lo representan en la historia, por ejemplo, la alquimia, la cábala, Spinoza, la masonería, Lessing, el romanticismo alemán, Goethe, Freud, el nazismo y la New Age (p. 87). El Renacimiento es una momento en el que las elites cristianas, arrastradas por la duda, vuelven a Epicuro y a Lucrecio (p. 89). «Hoy, no hay nada más próximo al pensamiento posmoderno que el pensamiento de Epicuro» (p. 89). El reino cristiano ha sido reemplazado por formas históricas bien conocidas, más primitivas y más rústicas (p. 90). El racionalismo de las Luces es peligroso porque rechaza a ambos: el cristianismo y los prejuicios antiguos sobre los cuales una sociedad se funda (p. 92). El panteísmo asiático fascina a Heine y a Schopenhauer, en la Alemania romántica que reacciona ante el racionalismo de las Luces. En la época moderna, el pensamiento asiático, el budismo, es decisivo en Occidente (p. 93). El valor esencial no es la verdad sino la naturaleza (p. 94). El panteísmo, según Tocqueville, responde bien a la exigencia democrática de igualdad.
Hoy domina el cosmoteísmo ligado a la defensa de la naturaleza. Se puede hablar también de panteísmo o de politeísmo. Occidente ya no cree ni en el más allá ni en la trascendencia (p. 99). La ecología hoy es una religión, en el sentido de que adopta creencias no científicamente demostradas (p. 103).
En el judeocristianismo, de la religión nace la moral; en los pueblos primitivos y en el politeísmo, la moral proviene de la sociedad y del Estado. Hoy, en Occidente, nuestros gobernantes y los influyentes, las elites, dictan la moral y suscitan el ostracismo de los que se comportan «mal» (108).
La característica de la Iglesia hoy es que se avergüenza de su pasado. Conjuga ese sonrojo con la metamorfosis intelectual para lanzar dudas sobre la idea de misión y de transmisión (p. 152). Por esa razón los responsables eclesiásticos son hoy apóstoles silenciosos y discretos, bien lejos de aquellos proselitistas a los que estamos acostumbrados de la tradición. De tal manera que los cristianos están abocados a una guerra perdida (p. 153).
Crédito de la imagen: Escuela de Rafael, Coronación de Carlomago (1516-17). Museos Vaticanos. Foto: Richard Mortel from Riyadh, Saudi Arabia, CC BY 2.0, tomada del archivo de Wikimedia Commons. https://w.wiki/K$7b
Más información (actualización del 17 de mayo de 2023):
Grau Navarro, J. M. (2023, 17 de mayo). Chantal Delsol: «El fin de la cristiandad. La inversión normativa y la edad nueva». Nueva Revista. https://www.nuevarevista.net/chantal-delsol-el-fin-de-la-cristiandad-la-inversion-normativa-y-la-edad-nueva/.
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